Opinión

El trabajo enfocado al desarrollo nacional

¿Qué ocurre cuando el trabajo de una Nación apunta sólo al progreso de un pequeño sector?

¿Qué ocurre cuando el trabajo de una Nación apunta sólo al progreso de un pequeño sector?
Por Emiliano Agostino para Tiempo Argentino

El trabajo es considerado un factor de desarrollo, progreso y avance. Entre otras cosas le permite a la sociedad acceder a beneficios diversos, ya sean económicos, sociales, culturales, etcétera. Se puede afirmar que existe un consenso sobre lo mencionado porque nadie duda que el trabajo, aquí considerado como las actividades económico-laborales que realizan las personas para su reproducción, es la principal fuente de desarrollo de una comunidad, de un país. Resultaría contradictorio y hasta irrisorio pensar al trabajo como un factor negativo o sea utilizado como un medio que genere resultados perjudiciales para las personas. Entonces, ¿Qué ocurre cuando el trabajo de una Nación apunta únicamente al progreso económico y social de un pequeño sector de la misma, o consolida una situación de dependencia económica con otros países? ¿Se podría afirmar, en este caso, que el concepto de trabajo adquiere una connotación negativa por ser un medio para alcanzar los fines mencionados?

Para explicar la situación planteada, nada mejor que un ejemplo extraído de la historia de nuestro país. En la Argentina de fines de siglo XIX y principios del siglo XX las actividades laborales funcionaban dentro de la lógica mencionada anteriormente, sumado a una paupérrima o casi nula política de distribución de ingresos que provocaban grandes desigualdades sociales y económicas. El país transitaba el auge de una economía agro-exportadora, era la época del famoso “granero del mundo” donde se abastecía gran parte de los principales países del mundo con materias primas producidas en nuestro suelo. El modelo económico implementado presentaba dos realidades sociales totalmente antagónicas: por un lado se encontraban las clases dominantes argentinas, conformadas por terratenientes locales y extranjeros, la Sociedad Rural, economías de enclave en las provincias y sectores de la aristocracia porteña principalmente, que obtenían grandes ganancias por la producción de materias primas que eran exportadas; por otro lado se encontraban los obreros y trabajadores que, trabajando entre 12 y 14 horas diarias en el campo o en las incipientes industrias de los centros urbanos, no tenían la posibilidad de un ascenso social porque sus sueldos eran escasos y no poseían derechos que los protejan como trabajadores y como individuos. Mas allá de lo mencionado, la causa principal de estas desigualdades estribaba en la estructura del sistema económico del momento, es decir, los grandes resu

ltados económicos que generaba el modelo agro-exportador terminaba en manos las clases dominantes. Los dirigentes políticos del momento respondían a intereses extranjeros, mas precisamente europeos, ya que lo “europeo” era civilizado y moderno, sosteniendo un modelo que generaba dependencia económica: se vendían materias primas a un precio accesible y se importaban manufacturas a un precio alto que únicamente podían adquirir los sectores acomodados de la Argentina. Del mismo modo, empresarios extranjeros, de origen inglés principalmente, controlaban unidades económicas claves (como los frigoríficos, los ferrocarriles, industrias madereras, entre otras) llevando las utilidades a sus países de origen.

Este breve análisis trata de mostrar que la finalidad del trabajo realizado en un país puede tomar dos cauces: uno es el desarrollado anteriormente, el cual genera diferencias económicas y sociales entre los individuos del país y una dependencia económica con los países denominados “potencias”; el otro es un modelo de país en el que, por medio del trabajo, se logren resultados positivos para todos los habitantes y se alcance una independencia económica de los países centrales en beneficio de un desarrollo como Nación libre y soberana. La pregunta que uno se hace aquí es ¿cómo se logra esto? La respuesta también se puede encontrar en la historia argentina, si se observan las políticas desarrolladas en las décadas del 40 y 50. Por aquellos años se desarrollaron distintas industrias a través de la sustitución de importaciones y la actividad rural abastecía las necesidades internas y se exportaban los excedentes. Además existía una fuerte política de no endeudamiento externo, colocando al país en una situación de independencia económica. Las diferencias sociales y económicas se empezaron a limar a través de regulaciones y legislaciones de diferente índole, como la promulgación de los derechos del trabajador, de los ancianos y de los niños, y a través de la reforma de la Constitución Nacional. También se nacionalizaron varios servicios públicos que estaban en manos extranjeras y se realizaron obras de carácter social.

Este tipo de políticas conllevaron a que el trabajo realizado en el país este conducido al desarrollo y crecimiento del mismo y no se trabaje solamente para pequeños grupos dominantes ni para naciones extranjeras.

Luego de lo expuesto se puede concluir diciendo que, de acuerdo a las políticas que implemente un país, el trabajo realizado por sus habitantes puede estar dirigido hacia un desarrollo nacional o hacia un desarrollo antinacional o de dependencia.

Resulta interesante observar al trabajo desde esta perspectiva porque nos permite realizar un análisis distinto sobre las cuestiones económicas, sociales y políticas del país. Nos ayuda como individuos para saber si el esfuerzo realizado día a día en nuestros trabajos, además de retribuirnos beneficios a nivel personal, impacta positivamente de manera colectiva. Así el trabajo de cada ciudadano genera una doble retribución, una de carácter individual y otra de carácter colectivo. Es nuestra obligación como ciudadanos bregar porque nuestro trabajo genere un impacto positivo en la Nación haciéndoselo saber a las autoridades de turno. De este manera creceremos como individuos y como país.

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